Mi Hermoso Cerebro Roto

Enviado el Vie, 05/13/2016 - 13:42

Mi Hermoso Cerebro Roto
Por T.K. para Hojas de Loto

 

Muchas veces sentí que la noción budista de impermanencia era obvia. No es difícil darse cuenta, pensaba yo, que las cosas cambian y están en permanente flujo... La impermanencia que había visto era nada más que la punta del iceberg. Lo que es impermanente es nuestro propio ser...

 

Imagina que despiertas y te das cuenta que mucho delo que asumías como cierto y permanente sobre ti mismo y el mundo ya no lo es. Has tenido un derrame intracerebral y has pasado semanas inconsciente en un hospital. Descubres con horror que no puedes hablar,  no puedes leer ni escribir.

 

De esa experiencia trata un bello documental llamado “My beautiful broken brain” (disponible en Netflix). De cómo un día dejas de ser tú y comienzas a ser otra persona que habita el mismo cuerpo, el mismo nombre, tiene la misma dirección y el mismo RUT que aquel que dejó de existir.

 

El día termina y da paso a la noche y a un nuevo día, que nunca es igual al que pasó. El verano se acaba y da paso al otoño, sigue el invierno y luego a la primavera. Los niños nacen y crecen, me voy poniendo viejo igual que mis amigos, y un largo etcétera.

 

Privadamente pensaba que cualquier persona medianamente despierta puede ver esta realidad. Alguna vez leí que a un gran maestro budista le preguntaron: “¿si tuviera que impartir tan solo una enseñanza, cuál sería?”, y él contestó “la impermanencia”. Fácil, decía yo, ya tengo lo más importante bajo control. Cuan equivocado estaba.

 

Al ver ese documental, con su brutal honestidad, me di cuenta de lo que estaba diciendo aquel maestro. Lo que está cuestionado es la estabilidad de aquello que me define como la persona que soy, y que nos parece tan sólido como una montaña.  El T.K. de ayer murió y fue reemplazado por el T.K de hoy, que es distinto al T.K de mañana. El que compartan una apariencia y circunstancia similar es solo coincidencia, un engaño de la memoria.

 

Al principio esta noción me pareció aterradora: ¿quién soy?... ¿cómo soy?... ¿qué es falso y qué es verdadero sobre mí? Tras días de inquietud, el terror se transmutó en una tímida intuición. No es necesario ser el mismo de ayer. Ni siquiera es necesario ser el mismo de hace cinco minutos atrás. Me di cuenta del enorme relajo que significa eso. Significa dejar todas de lado las credenciales, los seguros, las garantías. Cada nuevo día es radical y profundamente eso… nuevo. Eso es libertad, en toda la extensión de la palabra.

 

Tal vez eso quiso decirle Dogen Zenji a Koshu Yo en la famosa frase del Shobogenzo: “Estudiar el Dharma es estudiarse a sí mismo. Estudiarse a sí mismo es olvidarse de sí mismo. Olvidarse de sí mismo es ser actualizado por miríadas de cosas.”