Mente de Principiante

Enviado el Jue, 08/25/2016 - 10:43

Mente de Principiante
Por Jaime S. para Hojas de Loto

 

Desde muy joven me a llamado la atención la profundidad de aquella frase tradicional del Zen que dice "Mente de meditante, mente de principiannte".

 

El término japones shoshin significa mente de principiante y en Occidente fue el maestro de meditación Shunryu Suzuki, quien popularizó en un libro de ese mismo nombre a los años 70. En sus propias palabras: " Hay que tener mucho, mucho cuidado en este asunto. Si se comienza a practicar en zazén, se tiene que empezar a apreciar la mente de principiante. Esté es el secreto de la práctica del Zen".

 

En términos muy simples, mente de principiante o tambien llamada, mente original, o gran mente, es aquella experiencia humana en la cual nuestra actividad mental se reconoce como vacía, curiosa, abierta y pronta a aprender. Es el momento en que volvamos a ser principiantes de la experiencia presente.

 

Es aquel estado de mente que se manifiesta sin que participe manipulación alguna de nuestra parte. Lo bello de esta experiencia es que es una posibilidad de apertura que se encuentra a la mano de todos los seres humanos, en cualquier momento de nuestra vida. Esta enseñanza apunta, según mi punto de vista, a trabajar soltando nuestra tendencia a controlar nuestros estados mentales y emocionales y también, los de los demás. La explicación suena muy alentadora, pero, me pregunto ¿Cómo llevar esta enseñanza a la vida cotidiana?.

 

Llevo unos cuantos años como instructor de meditación y quiero compartir aquí lo que me ha tocado vivir al entregar la primera instrucción de práctica. Muchas veces, cuando llega a recibir la primera instrucción, el principiante se manifiesta expectativas en la meditación que, en ocasiones, son tremendamente complejas o ambiciosas. Sin embargo, en el segundo antes de recibir la instrucción se aprecia un maravilloso giro: su rostro se carga de curiosidad intelectual, se manifiesta cierta fragilidad emocional, y una energía y una tremenda apertura perceptual de despierta en él. Es bastante evidente cómo en principiante se abre la mente de forma muy natural y conmovedora, desaparecen los preconceptos sobre la espiritualidad, los temores respecto a la meditación o a los bloqueos emocionales, y de pronto, algo se manifiesta en forma simple y humana.

 

Es probable que el practicante ni siquiera note la textura que tiene su experiencia en ese momento. Será deber del instructor saberla subrayar para que el principiante la recuerde y la valide como una experiencia liberadora y a la mano.

 

Pero esa misma mente abierta y curiosa del principiante, comienza rápidamente a convertirse "en la mente del experto". "La mente del experto"viene siendo aquella manifestación de nuestra experiencia en la cual aferrarnos y cuando una aceleradísima cadena de procesos comienza a operar: pensamientos asociados con las exigencias de hacerlo bien, juicios respecto a la propia experiencia, un repetitivo intento por explicar los procesos de la mente y una ilusión de que estamos consiguiendo algún tipo de logro permanente se apodera de nuestra práctica de meditación. Sutilmente, el impulso por controlar y reforzar nuestro aprendizaje se instala cerrando nuestra curiosidad y nos impide tomar contacto con lo fresco y lo nuevo de ahora. 

 

Muchas veces y al mismo tiempo, comienzan a operar los deseos de manipular la experiencia que estamos viviendo y el mas fuerte de esos deseos, es la secreta esperanza de lograr prontamente la iluminación. Múltiples fantasías de llegar lo antes posible a una especie de mundo paralelo, asaltan la experiencia de meditación del experto. Todo aquellos esconde la tendencia de huir de lo que estamos viviendo en el presente. La imposibilidad de lograrlo sólo trae consigo una secreta frustación, confusión, tensión corporal y una duda profunda respecto a todo camino. La desconfianza se instala en la base de nuestra experiencia y el deseo de corregir esa vivencia sólo estimula aún más la mente del experto obstaculizando aún más la apertura de la mente.

 

Una vez llegado a ese punto ¿qué diría el Roshi Zen? El miedo al error y a la esperanza de lograr un estado permanente de placer sólo complican y ralentizan el proceso de apertura. La sabiduría innata de la mente, que es la experiencia de principiante, es cabalgar la vida liberándola del sútil deseo de posesión de la experiencia. Es cultivar una mente que sepa que todo está bien en proceso de cambio. Cada cosa fluye y se convierte en otra y no puede ser aferrada. Relajar nuestro impulso de experto es una disciplina paradójica que, de lograrse puede transformarse en la puerta a la magia y lo sagrado que hemos estado persiguiendo desde que iniciamos al camino... cuando fuimos principiantes.