Maitri

Enviado el Sáb, 12/13/2014 - 11:11

De “La sabiduría de la no-evasión”
Por Pema Chödrön


El amor compasivo −maitri− hacia nosotros mismos no significa eliminar nada. Maitri significa que después de los años transcurridos todavía podemos ser alocados, aún podemos sentirnos enojados. Que aún podemos sentirnos tímidos, celosos o llenos de sentimientos de falta de valía. Lo que cuenta es no intentar cambiar nuestro modo de ser. La práctica de la meditación no consiste en eliminar algo de nosotros mismos y volvernos mejores. Es aceptar lo que ya somos.

 



Es común a los seres humanos nacidos en la tierra el erróneo concepto que el mejor modo de vivir es el de evitar el sufrimiento e intentar llevar una vida lo más confortable posible. Podemos observarlo incluso en los insectos, animales y pájaros. Todos deseamos lo mismo.

Un modo mucho más interesante, compasivo, audaz y alegre de enfocar la vida es empezando a desarrollar nuestra curiosidad, sin importarnos si el objetivo de nuestra inquisitividad es amargo o dulce. Para llevar una vida más allá de la nimiedad y de los prejuicios, sin esperar que salga siempre todo tal como deseamos, para llevar una vida más apasionada, plena y gozosa, debemos comprender que tenemos una gran capacidad para soportar tanto el dolor como el placer, y de ese modo descubrir lo que somos y lo que es el mundo, cómo funcionamos, cómo funciona el mundo y cómo son exactamente todas las demás cosas. Si perseguimos el confort a toda costa, tan pronto como debemos afrontar el más nimio sufrimiento huiremos de él, sin llegar a saber nunca qué hay más allá de esa barrera, muro o hecho aterrador particular.

Cuando las personas empiezan a meditar o a trabajar con cualquier clase de disciplina espiritual, piensan a menudo que de algún modo van a mejorar, lo cual es una especie de sutil agresión contra lo que en realidad somos. Es un poco como decir: «Si hago footing seré una persona mejor». «Si pudiera tener una casa más bonita, sería una persona mejor». «Si pudiera meditar y tranquilizarme, sería una persona mejor». O las elucubraciones pueden tender a encontrar defectos en otras personas. Quizá digan: «Si no fuera por mi esposo, mi matrimonio sería perfecto». «Si no fuera porque mi jefe y yo no nos llevamos muy bien, mi trabajo sería fabuloso». «Si no fuera por mi mente, mi meditación sería excelente».

Pero el amor compasivo −maitri− hacia nosotros mismos no significa eliminar nada. Maitri significa que después de los años transcurridos todavía podemos ser alocados, aún podemos sentirnos enojados. Que aún podemos sentirnos tímidos, celosos o llenos de sentimientos de falta de valía. Lo que cuenta es no intentar cambiar nuestro modo de ser. La práctica de la meditación no consiste en eliminar algo de nosotros mismos y volvernos mejores. Es aceptar lo que ya somos. La base de la práctica somos tú o yo, o lo que seamos en este preciso instante, tal como somos. Ésta es la base, esto es lo que estudiamos, esto es lo que nos proponemos conocer con una enorme curiosidad y un gran interés.

Algunas veces los budistas utilizan la palabra «ego» con un sentido despectivo, con una connotación diferente a la del término freudiano. Como budistas quizá digamos: «Mi ego me causa muchos problemas». Y puede que pensemos: «Bien, entonces lo que debo hacer el eliminarlo, ¿no es cierto?, y el problema habrá desaparecido». Pero la idea no es acabar con el ego, sino todo lo contrario, empezar a interesarnos por nosotros mismos, investigando y siendo inquisitivos acerca de nosotros y de nuestro entorno.

El camino de la meditación y el de nuestras vidas se relaciona con la curiosidad, con la inquisitividad. La base somos nosotros mismos; estamos aquí para estudiarnos y llegar a conocernos ahora, no más tarde. La gente me dice a menudo: «Deseaba venir y tener una entrevista contigo, quería escribirte una carta, quería llamarte, pero preferí dejarlo para cuando me sintiera más centrada». Y yo pienso: «¡Pero si eres como yo, puedes esperar toda tu vida!». O sea que ven ahora, tal como eres. La magia reside en desear abrirse a eso, querer estar completamente despierto frente a todo eso. Uno de los principales descubrimientos de la meditación es percibir que continuamente estamos huyendo del momento presente evitando ser lo que somos. Esto en sí mismo no es un problema, lo importante de darse cuenta de ello.

Ser inquisitivo o sentir curiosidad implica ser suave, preciso y abierto, o sea ser capaz de dejar de aferrarse y tener una actitud abierta. En cierto modo la suavidad consiste en tratarse a sí mismo con bondad. La precisión es ser capaz de ver con claridad, no temer ver lo que realmente está allí, igual que un científico no siente temor de mirar a través del microscopio. La apertura es ser capaz de dejar de aferrase, y abrirse.

Es como si, al final del día, alguien pasara un vídeo sobre ti y tú pudieras verlo. A menudo dirías, haciendo una mueca, «¡puaj!». Posiblemente descubrirías que haces lo mismo que criticas de la gente que no te gusta, de todos aquellas personas a las que juzgas. Básicamente, hacerte amigo de ti mismo es también hacerte amigo de los demás, porque cuando llegas a sentir hacia ti esa clase de honestidad, suavidad y bondad, combinada con claridad, nada te impide experimentar también un sentimiento de amor compasivo hacia los demás.

De ahí que la base del maitri seamos nosotros mismo, El camino, el modo para hacerlo, nuestro principal vehículo, será la meditación, y permanecer con una mente despierta. Nuestra actitud inquisitiva no sólo se limitará a cuando estemos sentados, sino que también estará presente cuando recorramos las salas, al utilizar el cuarto de baño, al pasear por los alrededores, al preparar la comida en la cocina o al hablar con nuestros amigos; hagamos lo que hagamos, intentaremos mantener este estado de concienciación, apertura y curiosidad acerca de cuanto está sucediendo. Y quizás lleguemos a experimentar lo que tradicionalmente se describe como el logro de maitri, la alegría.