El yoga como medicina

Enviado el Jue, 06/05/2014 - 14:00

De “Yoga as Medicine: The Yogic Prescription for Health and Healing”
Por Timothy McCall
Traducción: R. B.


En el yoga, al hacer tu trabajo espiritual afectas al cuerpo. Estiras y fortaleces tus músculos, y esto afecta tu circulación, tu digestión y tu respiración. Calmas y robusteces el sistema nervioso, y esto afecta a la mente. Cultivas la paz mental, afectando con ello al sistema nervioso, al sistema inmune y al sistema cardiovascular. El yoga dice que, si observas con claridad, terminarás dándote cuenta de que dentro de ti todo está conectado con todo lo demás.

 


Si eres nuevo en el yoga, bienvenido. El yoga puede cambiar tu vida. Si actualmente ya practicas yoga pero quieres aprender algo más, probablemente ya sepas algo sobre su potencial para cambiar la vida. Si estás enfermo, puede ayudar a que te sientas mejor. Si estás deprimido o ansioso, cansado la mayoría del tiempo, si eres adicto a alguna droga o te encuentras afligido por algún dolor de espalda, el yoga puede guiarte en el camino hacia la recuperación. Para aquellos con problemas de salud crónicos, como artritis, diabetes, esclerosis múltiple o VIH/SIDA, la práctica regular de yoga puede ayudarles a vivir mejor y, muy probablemente, a vivir más tiempo. Y para las personas que sufren síntomas pasajeros –como jaquecas tensionales, sofocos o presión sinusal−, algunas posturas de yoga en específico, ciertas técnicas respiratorias y otras prácticas pueden brindarles alivio.


Como alguien que ha sido médico por más de veinte años, puedo decirte que el yoga es sencillamente el sistema de salud general y de bienestar más poderoso que jamás he visto. Incluso si actualmente estás entre el grupo de los temporalmente sanos, el yoga es, como medicina preventiva, lo más cercano que podrás encontrar a una tienda que puede satisfacer todas tus necesidades. Este sistema integral puede por sí solo reducir el estrés, aumentar la flexibilidad, mejorar el equilibrio, promover la fuerza, incrementar el acondicionamiento cardiovascular, disminuir la presión arterial, reducir el sobrepeso, fortalecer los huesos, prevenir lesiones, levantar el ánimo, mejorar la función inmune, acrecentar el suministro de oxígeno a los tejidos, elevar el funcionamiento y la satisfacción sexual, fomentar la ecuanimidad psicológica y promover el bienestar espiritual… y ésta es sólo una lista parcial.

 

El yoga tiene una visión decididamente distinta a la de la medicina occidental acerca de qué es lo que constituye la salud, y en esa diferencia radica gran parte de su enorme eficacia. En yoga, la ausencia de síntomas no se equipara de ninguna manera con la salud. Para un yogui, la salud va más allá de no tener una jaqueca o un dolor de rodilla –o incluso más allá de ser curado de algún tipo de cáncer. Se trata de optimizar la función de cada sistema en el cuerpo, desde los músculos hasta la digestión, desde la circulación hasta la inmunidad. Se relaciona con el bienestar emocional, la resilencia espiritual, el optimismo e incluso la alegría. Lo que el yoga nos enseña es que sólo cuando estos elementos están alineados uno puede maximizar sus posibilidades de salud y de sanación.

 

El yoga contempla una red de causalidad mucho más compleja que el número acotado de factores que la mayoría de los doctores consideran. En el caso de una enfermedad cardíaca, por ejemplo, ve más allá del colesterol y la presión arterial, considerando el estrés y el rol que la mente juega en perpetuarlo, tu temperamento emocional, tus conexiones con otras personas y si vives o no tu vida de acuerdo a algún propósito mayor. La idea es que una amplia variedad de factores pueden afectar tu bienestar, y el camino más eficiente para remediar los problemas de salud es trabajar en muchas áreas simultáneamente. Y esto es precisamente lo que hace la práctica de yoga.

 

En el yoga, al hacer tu trabajo espiritual afectas al cuerpo. Estiras y fortaleces tus músculos, y esto afecta tu circulación, tu digestión y tu respiración. Calmas y robusteces el sistema nervioso, y esto afecta a la mente. Cultivas la paz mental, afectando con ello al sistema nervioso, al sistema inmune y al sistema cardiovascular. El yoga dice que, si observas con claridad, terminarás dándote cuenta de que dentro de ti todo está conectado con todo lo demás. Desde el punto de vista terapéutico, esto proporciona la comprensión de que, al mejorar el funcionamiento de un órgano o un sistema, lo que en realidad haces es mejorarlos todos.

 

Por consiguiente, una diferencia crucial entre el yoga como medicina y la medicina convencional es el énfasis holístico que el primero pone en fortalecerte a través del cuerpo y la mente. Si acudes donde la mayoría de los médicos sintiéndote mal pero sin un dolor específico o algún otro síntoma, con la excepción de ordenar algunos exámenes para descartar la posibilidad de varias enfermedades, ellos generalmente no tendrán mucho que ofrecerte. Si estás interesado en hacer más resiliente tu sistema nervioso, estimular tu inmunidad o mejorar tu capacidad respiratoria, tendrán muy poco que sugerir.

 

Lo opuesto es verdad para el yoga. Pero en lugar de estar compitiendo con la atención médica convencional, el yoga puede complementarla. De hecho, según mi experiencia, puede ayudarte a obtener el máximo provecho de cualquier atención que recibas, sea ésta alternativa o convencional. Como un complemento de otro tipo de cuidados, el yoga lleva la delantera por sobre muchas otras modalidades de lo que suele etiquetarse como medicina alternativa. El yoga puede amplificar los beneficios y, puesto que a menudo puede permitirte reducir el uso de drogas o hierbas, o al menos usarlas en dosis más pequeñas, el riesgo de efectos secundarios disminuye. Además, a diferencia de otros tratamientos que pueden llegar a interferir con otros –del modo en que las vitaminas pueden interferir con la quimioterapia o algunas hierbas con los anestésicos−, una práctica de yoga apropiadamente elegida es extremadamente improbable que interactúe de manera perjudicial con otros tratamientos.

 

El yoga parece ser eficaz en el tratamiento de una amplia variedad de condiciones médicas. Más tarde podrá revisar la evidencia científica pero, por ahora, veamos qué es lo que tiene que decir la gente que ha probado el yoga terapéutico. En 1983-84, el londinense Yoga Biomedical Trust, dirigido por Robin Monro, PhD, encuestó a 2.700 personas que habían utilizado el yoga terapéuticamente, la mayoría entre los treintaiuno y los sesenta años de edad. Para ser incluidos, los participantes debían haber practicado yoga durante al menos dos horas a la semana por un año o más. Aunque el número de personas con algunas de las condiciones en cuestión era reducido, los resultados fueron impresionantes: 98% de los que sufrían dolor de espalda encontraron el yoga provechoso, el 90% de los pacientes con cáncer, el 82% de las personas con insomnio y el 100% de los alcohólicos. La más baja tasa de éxito en la encuesta fue para mujeres con “problemas menstruales”, de las cuales dos de cada tres encontraron que el yoga las ayudaba.

 

Imagínate todo lo que oirías acerca de un nuevo medicamento que pudiera conseguir al menos una fracción de todo esto. Sin embargo, según mi experiencia, son pocos los que en la comunidad científica o en el público en general tienen alguna noción de qué es lo que el yoga tiene para ofrecernos. Parte del problema, estoy convencido, es que muchas personas que podrían beneficiarse del yoga lo rehúyen a causa de conceptos erróneos acerca de lo que es y lo que no es, o sobre quién puede practicarlo y quién no… Me gustaría revisar esas ideas equivocadas que son comunes en torno al yoga y al yoga terapéutico:

 

El yoga no es… sólo para personas flexibles y en forma.

Algunos evitan el yoga porque piensan que es sólo para personas que pueden doblarse como un monito de plastilina. Piensan que es para individuos jóvenes, fuertes y atléticos –y lo cierto es que si miras las fotos de las revistas o asistes a una clase de algún método de yoga vigoroso, podrás fácilmente hacerte esa impresión.


Es curioso, pero si tú sientes que posiblemente no podrías practicar yoga, entonces la práctica podría ser especialmente beneficiosa para ti. Es bien sabido entre los terapeutas que utilizan el yoga que la gente sin experiencia a menudo progresa con mayor rapidez en algún problema de salud que aquellos estudiantes que suman años de experiencia. De hecho, los que ven al yoga como el mayor de los desafíos, los que piensan que son terribles practicándolo y los que no parecen poder calmar sus mentes, todos ellos son los que más tienen por ganar.

 

El yoga no es… sólo para aquellos que tienen buena salud.

Mientras investigaba sobre la yogaterapia en India, visité centros que trataban personas con todo tipo de problemas físicos, mentales y emocionales: ancianos, personas rígidas, gente con años de enfermedad crónica, gente adolorida, gente deprimida hasta el extremo de no querer salir de sus camas. El yoga ha sido utilizado exitosamente en esquizofrénicos y en niños con Síndrome de Down, parálisis cerebral y autismo. Aquellos que se encuentran obligados a estar en cama o sobre una silla de ruedas pueden hacer yoga modificándolo según sus necesidades y sus capacidades. Hay quienes hacen yoga con ochenta, con noventa e incluso con más años de edad, y estoy completamente convencido de que, si abrazas la práctica, incrementarás tus posibilidades de llegar a esa edad, y de sentirte bien cuando llegues.


El yoga ha ayudado a pacientes de cáncer y a personas con enfermedades cardíacas tan avanzadas que postulaban a cirugía de emergencia. En la mayoría de los casos, los terapeutas de yoga animan a sus estudiantes a que continúen con sus cuidados médicos convencionales. Pero lo cierto es que después de un tiempo muchos de esos estudiantes se dan cuenta de que necesitan menos ese tipo de cuidados: la medicación puede reducirse y algunas drogas se hacen completamente innecesarias, la cirugía puede ser postergada y hasta cancelada. En la India, conversé con pacientes en los cuales todos los signos de artritis reumatoide o de diabetes tipo 2 desaparecieron con una práctica regular. No es la experiencia de todos, por supuesto, pero eso demuestra que la posibilidad existe.

 

El yoga no es… una religión.

El yoga no es una religión. Aunque provenga de la antigua India, no es una forma del Hinduismo. De hecho, es felizmente practicado por cristianos, budistas, judíos, musulmanes, ateos y agnósticos por igual. Es indudable que la práctica de yoga posee un lado espiritual, pero no debes suscribirte a ninguna creencia en particular para beneficiarte de él. Es probablemente más apropiado ver al yoga como algo similar a Alcohólicos Anónimos (AA). Como en AA, contempla una dimensión espiritual en la que puedes enfocarte o ignorar por completo, dependiendo de lo que resulta más adecuado para ti. Como en AA, el yoga es compatible con cualquier religión o, si así lo prefieres, con ninguna.


El yoga también se asemeja a AA en el sentido de que puedes adoptar un enfoque de “tomar lo que puedes usar e ignorar el resto”. La meditación, que un montón de gente encuentra eficaz para una variedad de problemas, se originó en el yoga y continúa siendo una parte integral de él. (Aunque la meditación es a menudo considerada como una práctica budista, el Buda mismo fue un yogui). Pero si la meditación parece demasiado ajena a ti, no la practiques. Si cantar Om te suena demasiado raro, canta alguna otra cosa, una oración a Jesús o a Allah o por la paz mundial, o no cantes nada en absoluto. En las miles de clases a las que he asistido, ninguna vez he visto a un maestro objetar a algún alumno por saltárselo. También he visto que incluso aquellos que no tienen ni el menor interés por la espiritualidad, o cuyas experiencias religiosas de la infancia fueron traumáticas, no tienen problemas con lo que se hace en la mayoría de las clases de yoga o con los ajustes terapéuticos. Esta es una de las cosas bellas del yoga. Existen tantas prácticas, y tantas maneras de modificar esas prácticas, que virtualmente las necesidades de cualquiera pueden ser satisfechas.