Detén, calma, descansa, sana

Enviado el Vie, 10/17/2014 - 10:48

De “The Heart of the Buddha´s Teaching”
Por Thich Nhat Hanh
Traducción: R. B.


Debemos aprender el arte de detenernos –detener nuestros pensamientos, las energías de nuestros hábitos, nuestra falta de atención, las emociones fuertes que nos gobiernan. Cuando una emoción se precipita a través de nosotros como una tormenta, no estamos en paz. Encendemos el televisor y luego lo apagamos. Tomamos un libro y después lo dejamos. ¿Cómo podemos frenar este estado de agitación?... Cuando somos consientes y tocamos en profundidad el momento presente, los frutos siempre son la comprensión, la aceptación, el amor y el deseo de aliviar el sufrimiento y entregar alegría.


 


La meditación budista posee dos aspectos –shamatha y vipashyana. Tendemos a destacar la importancia de vipashyana (“observación profunda”) porque puede brindarnos una visión clara y librarnos del sufrimiento y las aflicciones. Pero la práctica de shamatha (“deternerse”) es fundamental. Si no podemos detenernos, no podremos tampoco tener una visión clara.

 

En los círculos Zen hay una historia acerca de un hombre y un caballo. El caballo galopa rápidamente, y pareciera que el hombre que lo cabalga se dirige a un lugar importante. Otro hombre, que está parado a un lado del camino, le grita: “¿Hacia dónde vas?”, y el primer hombre contesta: “¡No sé! ¡Pregúntale al caballo!”. Esta es también nuestra historia. Estamos montados sobre un caballo, no sabemos hacia dónde nos dirigimos y no podemos detenernos. El caballo es la energía del hábito que nos arrastra, y ante la cual somos impotentes. Estamos siempre corriendo, y esto se ha convertido en un hábito. Todo el tiempo estamos luchando, incluso mientras dormimos. Estamos en guerra dentro de nosotros mismos, y fácilmente podemos comenzar una guerra con los otros.

 

Debemos aprender el arte de detenernos –detener nuestros pensamientos, las energías de nuestros hábitos, nuestra falta de atención, las emociones fuertes que nos gobiernan. Cuando una emoción se precipita a través de nosotros como una tormenta, no estamos en paz. Encendemos el televisor y luego lo apagamos. Tomamos un libro y después lo dejamos. ¿Cómo podemos frenar este estado de agitación? ¿Cómo podemos detener el miedo, la desesperación, la ira y el deseo? Podemos detenernos al practicar la respiración consciente, el caminar consciente, el sonreír consciente, y la observación profunda que nos lleva al entendimiento. Cuando somos consientes y tocamos en profundidad el momento presente, los frutos siempre son la comprensión, la aceptación, el amor y el deseo de aliviar el sufrimiento y entregar alegría.


Pero las energías de nuestros hábitos son a menudo más fuertes que nuestra voluntad. Decimos y hacemos cosas que no queremos y luego nos arrepentimos. Nos hacemos sufrir a nosotros mismos y al resto, y causamos mucho daño. Podemos prometer no volver a hacerlo, pero volvemos a hacerlo una vez más. ¿Por qué? Porque la energía de nuestros hábitos (vashana) nos arrastra.

 

Necesitamos de la energía de la atención plena (mindfulness) para reconocer y estar presentes con la energía del hábito si lo que queremos es frenar el curso de esta destrucción. Por medio de la atención plena, nos hacemos capaces de reconocer la energía del hábito cada vez que ésta se manifiesta. “¡Hola, energía del hábito, sé que estás ahí!”. Si tan sólo sonreímos ante ella, perderá gran parte de su fuerza. La atención plena es la energía que nos permite reconocerla y evitar así que termine dominándonos.

 

La falta de atención es lo contrario. Bebemos una taza de té, pero no sabemos que estamos bebiendo una taza de té. Nos sentamos junto a una persona amada, pero no sabemos que ella está ahí. Caminamos, pero no estamos caminando realmente. Estamos en algún otro lugar, pensando en el pasado o en el futuro. El caballo de nuestra energía del hábito nos tironea, y somos sus prisioneros. Debemos detener nuestro caballo y reclamar nuestra libertad. Tenemos que dejar que la luz de la atención plena resplandezca en todo lo que hacemos, de modo que la oscuridad de la tendencia al olvido se disipe. La primera función de la meditación −shamatha− es detener.

 

La segunda función de shamatha es calmar. Cuando experimentamos una emoción fuerte, sabemos que puede resultar peligroso actuar desde ella, pero no tenemos la fuerza o la claridad para contenernos. Debemos aprender el arte de inhalar y exhalar, detener nuestras actividades, calmar nuestras emociones. Tenemos que aprender a ser sólidos y estables como un roble, sin dejar que la tormenta nos sacuda de lado a lado. El Buda nos enseñó varias técnicas para ayudarnos a calmar nuestro cuerpo y nuestra mente, para observarlos profundamente. Pueden ser resumidas en cinco etapas:

 

(1) Reconocimiento – Si estamos enojados, nos decimos: “Sé que la ira está en mí”.
(2) Aceptación – Cuando estamos enojados, no lo negamos. Aceptamos aquello que está presente.
(3) Abrazar – Sostenemos la ira entre nuestros brazos, como una madre que abraza a su bebé que llora. La atención plena abraza nuestra emoción, y sólo esto puede calmar nuestra ira y calmarnos a nosotros.
(4) Observar profundamente – Cuando estamos lo suficientemente calmados, podemos observar profundamente para entender qué ha traído esta ira, cuál es la causa del malestar  de nuestro bebé.
(5) Visión clara – El fruto de observar profundamente es entender las variadas causas y condiciones, primarias y secundarias, que han provocado nuestra ira y causado el llanto de nuestro bebé. Tal vez se encuentra hambriento. Tal vez el alfiler del pañal se le ha clavado en la piel. Nuestra ira se gatilló cuando nuestro amigo nos habló mezquinamente, y de pronto recordamos que él no está en su mejor día porque su padre se está muriendo. Reflexionamos de esta manera hasta que tenemos alguna visión clara acerca de lo que ha causado nuestro sufrimiento. Con tal visión, sabemos qué hacer y qué no hacer para cambiar la situación.

 

Después de calmar, la tercera función de shamatha es descansar. Supongamos que alguien que está parado junto a un río arroja un guijarro al aire y luego cae al río. El guijarro se permite descender lentamente y alcanzar el cauce del río sin ningún esfuerzo. Una vez que alcanza el fondo, se mantiene en descanso, permitiendo el paso del agua. Cuando practicamos meditación sentada, podemos permitirnos reposar tal como lo hace dicho guijarro. Podemos dejarnos descender naturalmente a la posición sentada, en descanso, sin esfuerzo. Tenemos que aprender el arte de descansar, dejando que cuerpo y mente reposen. Si existen heridas en nuestro cuerpo o en nuestra mente, debemos descansar para que puedan curarse a sí mismas.

 

Calmar nos permite descansar, y descansar es indispensable para sanar. Cuando los animales son heridos en el bosque, encuentran un lugar donde recostarse y reposan por completo durante varios días. No piensan en la comida ni en ninguna otra cosa. Simplemente descansan, y así obtienen la sanación que necesitan. Cuando nosotros los humanos nos enfermamos, ¡tan sólo nos preocupamos! Buscamos doctores y medicinas, pero no nos detenemos. Incluso cuando vamos a una playa o una montaña de vacaciones, no descansamos realmente, y regresamos incluso más agotados que antes. Tenemos que aprender a descansar. Estar recostados no es la única posición en que se puede hacerlo. Durante la meditación sentada o caminando, podemos descansar perfectamente. La meditación no tiene que ser un trabajo duro. Sólo deja que tu cuerpo y tu mente reposen como un animal en el bosque. No luches. No hay necesidad de alcanzar nada. Yo estoy escribiendo un libro, pero no estoy luchando. También estoy descansando. Por favor, léeme con alegría, pero también con sosiego. El Buda dijo: “Mi Dharma es la práctica de la no-práctica”. Practica de una manera que no te extenúe, sino que más bien le brinde a tu cuerpo, a tus emociones y a tu conciencia la oportunidad de descansar. Nuestro cuerpo y mente poseen la capacidad de sanarse a sí mismos si les permitimos el descanso.

 

Detener, calmar y descansar son indispensables para sanar. Si no podemos detenernos, el curso de nuestra destrucción sólo continuará. El mundo necesita sanarse. Los individuos, las comunidades y las naciones necesitan sanarse.