Ashtanga: invocación inicial

Enviado el Vie, 09/12/2014 - 10:03

De www.yogamudra.dk
Por Michael Stone
Traducción: E. M.


No importa cuántas veces terminemos una comida y lavemos todos los platos, la próxima comida traerá más platos sucios. La práctica nunca se completa. Cuando soltamos la noción de que la práctica nos conduce a algo, encontramos una torre de platos sucios frente nuestro. Esa torre de platos es nuestra práctica… Para estar plenamente presente en el momento surgen tanto la quietud como la acción. La práctica va y viene entre ambas porque yoga no es nada más que lo que está sucediendo aquí y ahora.

 



OM
Hago una reverencia a los dos pies de loto (de la pluralidad) de los Gurus que despiertan el insight de la felicidad del Ser puro, que son el refugio, el médico de la selva, que elimina la ilusión causada por la hierba venenosa del Samsara (existencia condicionada).

Me postro ante Patanjali, con mil cabezas radiantes (como la serpiente Ananta). Con forma humana en sus brazos, sostiene una caracola (sonido divino), una rueda (disco de luz o tiempo infinito) y una espada (discriminación).
OM

 

En nuestro pequeño centro en Toronto, llamado Centro de Gravedad, al comienzo de cada clase de yoga colocamos las palmas juntas al centro del pecho y hacemos una reverencia unos a otros; luego hacemos la siguiente invocación. Está compuesta de dos estrofas, la primera es un reconocimiento del linaje interno y el segundo párrafo es una visualización del sabio Patanjali, como una encarnación de los ideales yóguicos. El primer párrafo viene del Yoga Taravali, un tratado escrito por el gran filósofo Indio Shankaracharya acerca de la naturaleza no dual de la mente, el cuerpo y el mundo.

La invocación comienza con las palmas juntas frente al corazón, una reverencia gentil y una inhalación profunda.

Vande gurunam charanaravinde

Hago una reverencia a los dos pies de loto (de la pluralidad) de los Gurus

Una reverencia no es un acto común en nuestra cultura. Hacer una reverencia, que es literalmente adoptar una postura de humildad, reconocimiento y gratitud, no es un acto superficial que tenga una intención religiosa, sino que es el corazón mismo de nuestra actitud espiritual. En el contexto de este verso, estamos haciendo una reverencia a algo que es simultáneamente universal y particular. No la hacemos ante a un ídolo o a una deidad imaginaria, sino al guru en su manifestación ilimitada. No hay ningún elemento en esta vida que no sea, en su profundidad, un maestro.

La palabra guru se traduce al español como gravedad. Hacerle una reverencia a la gravedad en forma humana significa hacerle una reverencia a alguien que entiende la ley de gravedad, alguien que permanece inamovible por las circunstancias. Ahora bien, la palabra guru, que normalmente traducimos como maestro, está en plural –una extraña forma de abordar el término. El hecho que esté en plural nos entrega dos claves: en primer lugar el hecho que ha habido muchos maestros previos en este camino, lo que permite reconocer este camino. En segundo lugar, existen muchas enseñanzas para la diversidad de personas, y nosotros estamos hacienda una reverencia al espíritu pluralista.

Luego la oración da un giro sorprendente. Caranaravinde significa dos pies de loto, que son sus propios pies de loto. Esa imagen apunta a la idea que todos los maestros del pasado, todas las posibles enseñanzas, y cada forma potencial de sabiduría que nace de esta práctica, todo se reduce a dos pies de loto que ya existen en el centro de nuestro propio corazón. ¿Por qué buscar en otro lugar?

Sandarasita svaatmasukhava bodhe

Que despierta el insight a la felicidad del ser puro

El término sukkha, opuesto de dukkha, se refiere a la dulzura del ser. Ya no estamos atrapados en la fijación y la aversión, nos encontramos despiertos (bodhe) ante la realidad de ser libres en cada momento de nuestra experiencia. Imagínense realizando sus labores, su práctica, sus relaciones, con la fluidez de alguien que sale a pasear. Bodhe es un término importante porque la iluminación en la tradición del yoga es descrita como un proceso de despertar. ¿Despertar de qué? Mientras más nos demos cuenta de cómo repetimos patrones inconscientes y nos quedamos dormidos en la rueda de la vida, más estaremos avanzando en el camino del despertar porque comenzamos a cambiar y despojarnos de nuestros hábitos a través de un proceso continuo de renunciación interna.

Nihsreyase jangalikayamane

Una completa absorción en el gozo se encuentra mediante el médico de la selva

En el centro de nuestros conflictos kármicos y tendencias hacia lo conocido y conservador, está el médico de la selva cuya habilidad consiste en transmutar la repetición en libertad. La selva representa mente y cuerpo enredados en el yo y su descontento; el médico es la persona que cura. Entonces nuevamente encontramos la imagen del médico, como la del guru, localizada en nuestro propio cuerpo y mente. Un buen profesor lo sabe –y él o ella le entregará de vuelta al estudiante lo mismo que ellos traen. El profesor no es un amigo ni un santo, es simplemente alguien que aclara, trae a tierra y asiste a los estudiantes en el camino de ir familiarizándose con sus propios enredos.

Samsara halahala mohasantyai

Las trampas en las que nos encontramos envueltos, los enredos que hacen nudos en las relaciones y las contracciones y tensiones a través del cuerpo, se basan en haberse creído el cuento del samsara. En este verso se dice que hemos tragado la hierba venenosa (halahala) de la existencia condicionada (samsara) que crea ilusión (moha) en vez de paz (shanti). El médico de la selva ayuda a eliminar la ilusión desenredando nuestra existencia condicionada. En otras palabras, estamos atrapados en los hábitos condicionados de nuestra existencia. El médico de la selva nos recuerda que esos mismos hábitos son en sí mismos el camino del yoga y es a través de nuestro condicionamiento que despertamos a la realidad incondicionada e inmodificada. Ivan Illich describe el rol del médico con claridad:


La empresa médica despoja a las personas de la voluntad de sufrir su propia realidad. Destruye nuestra habilidad de lidiar con nuestro propio cuerpo y curarnos… Nuestra arrogancia higiénica está enraizada en el intento de ingeniar un escape del sufrimiento. Hemos medicalizado la vida entera.

En vez de escapar del sufrimiento, le damos un lugar central en nuestra práctica. El médico de la selva utiliza el sufrimiento crudo de estar vivos como el camino para salir del sufrimiento, de modo que encontremos sabiduría y libertad al soltar nuestras estrategias para escapar. El Yoga nos trae de regreso a la experiencia presente y no es de ninguna forma un escape del despliegue de la vida mental, corporal y la existencia relacional.

Abahu purusakaram

Hasta los hombros Patanjali asume forma humana

La segunda parte del canto, que comienza con el término abahu, es una visualización del sabio Patanjali, el autor al que se atribuyen de los Yoga Sutras. De los hombros hacia arriba asume forma humana y de los hombros hacia abajo tiene una blanca e inmaculada cola de serpiente. Estas dos imágenes –la forma humana sobre los brazos y estar inmaculado debajo de los hombros– describen, en esencia, la naturaleza de la vida espiritual. Tenemos la capacidad de ser inmaculados, que en términos figurativos se refiere a la capacidad inherente de despertar, de ser compasivos y de vivir una vida libre de los hábitos. Sin embargo, también tenemos la tendencia de cerrarnos, de aferrarnos, de sobre-compensar, y de identificarnos compulsivamente con “yo” y “lo mío”.

Como seres humanos pensantes y parlantes, usamos el lenguaje para comunicarnos e interactuar, para darle sentido a nuestra experiencia y también para educarnos. Pero el lenguaje y la conceptualización también nos pueden meter en problemas. Cuando categorizamos a las personas, cuando somos abstractos con nuestra experiencia, cuando hablamos en forma dañina, cuando aislamos “cosas”, en todos estos casos separamos nuestra experiencia de la intrincada red donde vive. No estamos delimitados ni segregados de la realidad relacional de la vida.

Sankhacacrasi dharinam

Sosteniendo una caracola, una rueda y una espada

Con sus manos humanas Patanjali sostiene una caracola, una rueda y una espada. Estos tres objetos simbolizan la naturaleza de la iluminación –la realidad de una persona libre de falta. La caracola representa la escucha pura y la naturaleza del sonido puro. En términos prácticos eso apunta a la habilidad para escuchar sin preferencia o lo que podemos llamar “escucha libre”. Implica tener mucha paciencia, tener la capacidad de escuchar a otros sin distracción ni aversión, incluso si lo que están diciendo no está de acuerdo con nuestro punto de vista. Escuchar no solo mejora nuestras relaciones sino que también nos desafía a estar presentes con y ser tocados por perspectivas que no son necesariamente las que más nos gustan. Las relaciones son claves dentro del yoga y el escuchar a otros siempre interrumpe nuestra proyección favorita y nuestras creencias indelebles.

La rueda, como mandala o chakra, representa el tiempo infinito. Al igual que la escucha, el tiempo se refriere a la paciencia. Cuando somos impacientes no estamos conscientes del tiempo, y cuando somos pacientes el tiempo se disuelve en sí mismo. Cuando estamos desincronizados con el tiempo sufrimos. Dukkha es la brecha entre el tiempo y la mente. Cuando somos uno con nuestras acciones no estamos conscientes del tiempo y de repente la corriente del tiempo y la fuente del tiempo se convierten en una sola cosa. Cuando estamos plenamente presentes en cada momento somos el tiempo.

Así es la espada que en algunas imágenes Patanjali sostiene con ambas manos. Es una espada de doble filo y representa una mente tan aguda y ágil que corta a través de lo que es real y lo que es irreal, corta a través de lo que es cambiante, lo que causa sufrimiento, y lo que crea sabiduría y compasión. En algunas tradiciones tanto la sabiduría como la compasión están simbolizadas por una espada o un vajra, un trueno sostenido por un humano. Cuando la mente es aguda y flexible está claramente presente. Esto contradice al mito popular que dice que el yoga detiene el proceso de pensamiento. Más bien, la práctica de yoga clarifica nuestro proceso de pensamiento porque ya no atraemos o rechazamos lo que surge en la consciencia, creamos espacio y energía mental para llevar a cabo la acción adecuada.

Sahasra sirasam svetam

Tiene mil cabezas radiantes

Floreciendo desde la base del cráneo, Patanjali tiene mil cabezas radiantes. Cada una de ellas es más radiante y más espectacular que la otra. Patanjali es una reencarnación de Adi Sésha, que es la primera expansión de Vishnu. Nos postramos frente a la expresión completa de la realidad en forma simbólica como una reorientación de cuerpo, mente y habla.

Pranamami Patanjalim

Me postro ante el sabio Patanjali

La invocación comienza y finaliza con una reverencia. No nos estamos postrando ante un sistema de creencias o ante un ídolo. Más bien estamos reconociendo las cualidades de la escucha, paciencia, consciencia discriminadora y el movimiento que va y viene entre despertar de y volver a ser atrapados por el hábito como los elementos que conforman nuestro camino espiritual. Tanto en los Yoga Sutras como en su imagen, Patanjali nos redirige a nuestro propio self y a través de ese self a las distintas interconexiones de la red de existencia que confirman nuestro sentido de ser seres auténticos.

No importa cuántas veces terminemos una comida y lavemos todos los platos, la próxima comida traerá más platos sucios. La práctica nunca se completa. Cuando soltamos la noción de que la práctica nos conduce a algo, encontramos una torre de platos sucios frente nuestro. Esa torre de platos es nuestra práctica. Ya sea que esos platos se traten de la crianza de los hijos o las posturas hacia atrás, de cuidar a nuestros padres o de alimentar a nuestros hijos, de cortar madera o arreglar un neumático, esa es nuestra práctica en ese momento. Para estar plenamente presente en el momento surgen tanto la quietud como la acción. La práctica va y viene entre ambas porque yoga no es nada más que lo que está sucediendo aquí y ahora.