Abandonar la lucha

Enviado el Vie, 08/28/2015 - 13:19

De “Cómo meditar”
Por Pema Chödrön


Para llegar a este lugar de ausencia de lucha permitimos que, en nuestra práctica y en nuestras vidas, cualquier cosa nos sirva de apoyo para estar presentes. Esto requiere un enorme cambio de actitud. Más que verlo todo como un problema o un obstáculo a la felicidad de nuestra vida, a la meditación o al hecho de estar presentes –«Podría estar presente si no hubiera tanto ruido aquí» o «Podría estar presente si no me doliera tanto la espalda»–, lo podemos considerar un maestro que nos enseña algo que necesitamos saber… El resultado de no luchar contra lo que surge en tu vida es un acto de amistad. Te permite comprometerte completamente con tu vida. Te permite vivir plenamente.

 


 

Uno de los muchos dones de la meditación es que nos ayuda a interesarnos por nuestras vidas con curiosidad y expansión, en lugar de adoptar la posición de ver todas las complejidades que se nos presentan como una lucha constante. Por lucha quiero decir no querer que la vida sea tal como es. Eso es algo muy común. Me resulta bastante interesante explorar esto en mi propia experiencia porque descubro que no solo estamos constantemente rechazando nuestras experiencias en la vida: ¡lo rechazamos todo, todo el tiempo! El hecho de tener la mente siempre en otra parte nos demuestra que esto es verdad. Estamos pensando en la cena de mañana o en una conversación de hace un año. Estamos pensando en la lista de tareas que tenemos que hacer o en cómo nos gustaría haber tenido esto, aquello o lo de más allá. Rechazar nuestras vidas no consiste siempre en llevar un guion del tipo: «Odio esto» o «Esta relación –o este trabajo, este coche o lo que sea– no funciona para mí». En muchos casos puede que estemos incluso comiendo una tableta entera de chocolate con la idea de que estamos haciendo lo más placentero del mundo, pero en realidad en muy pocas ocasiones nos permitimos comer solo un trozo de chocolate y estar completamente presentes en eso.

La mente –la mente mono, la mente salvaje– se distrae con facilidad. A pesar de eso, en ese espacio de amplia conciencia que cultivamos en el cojín de meditación, cualquier cosa que ocurre se convierte en un apoyo para entrenarnos en estar presentes. Para llegar a este lugar de ausencia de lucha permitimos que, en nuestra práctica y en nuestras vidas, cualquier cosa nos sirva de apoyo para estar presentes. Esto requiere un enorme cambio de actitud. Más que verlo todo como un problema o un obstáculo a la felicidad de nuestra vida, a la meditación o al hecho de estar presentes –«Podría estar presente si no hubiera tanto ruido aquí» o «Podría estar presente si no me doliera tanto la espalda»–, lo podemos considerar un maestro que nos enseña algo que necesitamos saber.

Todo supone un apoyo a nuestro despertar. Hemos sido condicionados para quejarnos, quejarnos y quejarnos, y para culpar, culpar y culpar. Una de las formas más habituales de no estar presente consiste en culpar a alguien, ya sea a nosotros mismos o a otras personas. Con frecuencia veo que mis alumnos les echan la culpa de no poder estar presentes a las circunstancias exteriores o a su propio cuerpo y mente. Piensa que lo que necesita tu atención y consideración es tu propia mente y el modo en que ves esas circunstancias exteriores. Puedes hacer amistad con tus circunstancias, y tener compasión por ellas y por ti mismo. ¿Qué ocurre cuando haces eso?

Hace poco oí definir la satisfacción como «saber que todo lo que necesitas está contenido en este momento presente». La insatisfacción y el descontento son como un murmullo de fondo que nos distrae de aceptar nuestras vidas y el momento presente. Si permitimos que surjan, finalmente podremos tocar, oler, saborear y sentir lo que está ocurriendo.

Cuando nos abstenemos de ir en contra de nuestra experiencia, nos alejamos de las etiquetas de «sí» o «no», «bueno» y «malo», «aceptable» y «no aceptable». Ese es un punto muy importante, ya que nos permite comprometernos totalmente con la vida. No puedes dejar fuera lo que etiquetas como «malo» y seguir esperando que todo el abanico de lo que tú etiquetas como «bueno» llegue a tu vida. En otras palabras, si te separas a ti mismo con un muro de algunas experiencias, inevitablemente estarás construyendo muros contra lo que deseas atraer hacia ti. La práctica de la meditación nos recuerda volver siempre a la experiencia directa, tal como es.

La vida, después de la meditación, tiene tendencia a introducir muchos obstáculos, muchos impedimentos que nos pueden atar en un nudo. Cuando termina la práctica, cuando suena la alarma y descansas en una conciencia abierta, deja que todo sea como es. Y entonces puedes descansar, pero –normalmente muy rápido; a veces se precipitan– entran los pensamientos. Antes de que te des cuenta, estás completamente atrapado. Cuando ocurra algo, no tienes que etiquetarlo como «equivocado» o «terrible» ni nada de eso; sencillamente puedes usar cualquier cosa que surja como objeto de meditación. La meditación es una completa ausencia de lucha contra lo que surja. Sólo los pensamientos tal como son, las emociones tal como son, las visiones tal como son, los sonidos tal como son, todo tal como es sin añadir nada.

La otra noche estaba viendo un vídeo de Mingyur Rinpoche en el que decía que la mente era como el espacio –vasto e ilimitado– y que en ese espacio surge absolutamente todo: imágenes, sonidos, olores, sabores, pensamientos, emociones, dolor, placer... Todo ello surge en ese espacio, y no se diferencia de las galaxias, los planetas y las estrellas. Afirmaba: «Además, el espacio no dice: “Me gusta esta galaxia, pero esa otra no”». Todas las estrellas, todos los pensamientos pasan en algún momento. Permite que tus experiencias pasen como estrellas en el vasto cielo de tu mente. No dejes que se convierta en un gran problema.

El resultado de no luchar contra lo que surge en tu vida es un acto de amistad. Te permite comprometerte completamente con tu vida. Te permite vivir plenamente.

Ejercicio: atención a una actividad sencilla como meditación

La vida ofrece todo tipo de experiencias que introducen luchas potenciales en nuestra existencia. Una forma de ejercitarte para afrontarlas con presencia absoluta, o plenamente, es utilizando una actividad sencilla como objeto de meditación. Estamos entrenándonos en el proceso de despertar. Podemos situar la mente en una actividad sencilla y elegir permanecer en ella en lugar de luchar contra ella dejando que nuestra mente vague por todas partes.

Cada día se nos ofrecen innumerables actividades sencillas, repetitivas y simples. Elige una que sea para ti bastante rutinaria y básica. Comer es una buena opción. A diario tomas el alimento con el tenedor o la cuchara, lo llevas a la boca, lo masticas y lo tragas. Escoge cualquier actividad que no requiera pensar, o pensar demasiado. Algo que hagas una y otra vez. También puede ser teclear en el ordenador, doblar la ropa o preparar la comida de tu hijo para el colegio. Nuestros días están llenos de ese tipo de actividades. La meditación incluye enfrentarte a ti mismo para estar completamente presente al cepillarte los dientes, al lavar los platos, al desayunar, al respirar o al caminar.

Durante unos días concéntrate en estar más presente cuando realices la actividad que hayas seleccionado. Cuando tu atención se vaya, simplemente condúcela de vuelta a la experiencia sentida de la actividad. Volver a la respiración no es mucho más complicado que volver al cepillado de dientes. Cuando te estés cepillando los dientes decide, en el momento de poner la pasta en el cepillo, que eso va a ser una meditación. Convierte el cepillado de dientes en un pequeño ritual, con un comienzo y un fin. Dite a ti mismo: «Esto va a ser un período de meditación, y mi intención es estar presente mientras me cepillo los dientes. Cuando pierda la atención, voy a devolverla a este acto».

No hace falta decir que no nos debemos enfadar mucho con nosotros mismos si la mente se distrae de esa acción. No luches demasiado. Simplemente vuelve. Cepíllate los dientes con sentido del humor o sentido de ligereza. Simplemente vuelve.

Poco a poco, con el tiempo, con la práctica de la meditación, descubrimos que cada vez tenemos más estabilidad para poner la atención en todo lo que hacemos. Podemos hacerlo incluso en una conversación, de modo que permanecemos con atención plena y presentes hacia la persona que nos está hablando, más que distraernos pensando en lo que tenemos que añadir a la lista de la compra. Después de un tiempo, ni siquiera piensas en un objeto de meditación. Hay un incesante regreso y cada vez una sensación de presencia más continua. Y cuando ocurre esto, sabes que ha ocurrido. Normalmente se trata solo de pequeños pitidos y borboteos, pero cuando sucede es bastante impresionante porque te das cuenta de que nunca antes en tu vida habías estado presente, y de repente tienes esta sencilla experiencia de estar presente aquí. Es algo que puede ocurrir súbitamente un día cuando estás meditando o cuando estás lavando los platos. La sensación de que estás presente es realmente simple y viva. Un tipo de experiencia totalmente decisiva.